La cultura selfie: la autorrepresentación en la era digital

17 marzo, 2017

Un padre viaja con dos niñas en autobús sentados en esos asientos de cuatro que hay hacia el final del coche. En un momento dado, una de las niñas dice: «papá ¿nos haces un selfie?» Hazme un selfie. Toma el móvil y hazme tú el selfie.

¿Qué es un selfie? ¿Qué se te viene a la cabeza al escuchar esa palabra? A mí me viene esta imagen:


Manny, the selfie cat |Info.: http://www.boredpanda.es/gato-manny-selfies-camara-gopro/

Se trata de Manny, the selfie cat, un gato que se ha hecho conocido en la Red por fotografiarse a sí mismo como lo haría cualquiera con la cámara de su móvil. Probablemente el selfie que se te haya venido a la cabeza haya sido igual, salvo por sus protagonistas.

El selfie es esa foto que nos hacemos con nuestros teléfonos móviles de manera sencilla, y normalmente desde la cámara frontal. Nos la hacemos a nosotros mismos, solos o en compañía. Se trata de una versión contemporánea del autorretrato que se halla inmersa en la cultura digital y que forma parte de nuestro avatar. Experimentamos y buscamos formas de narrarnos y ya no solo a través de nuestro cuerpo, sino en relación al entorno en el que estamos en un momento concreto.

Dónde estamos y cómo estamos. Queremos contar cómo estamos en ese instante. Ese acto puede parecer casual, pero ¿has pensado en cuántas fotos nos tomamos y que se quedan en el camino? Pensamos cómo contarnos y narrarnos en sociedad. El selfie ha incorporado un nuevo elemento al juego de la autorrepresentación: el factor social. La exploración de nosotros mismos, mediante la fotografía, y la construcción de nuestras identidades, es más social que nunca. Y las creamos mediante pequeños fragmentos que liberamos y con los que creamos el archivo de posibilidades de nuestra identidad. En la nube y con la aportación de todos. Con la conversación y las interacciones de personas, puede que desconocidas, que seguirán aportando significados a nuestra foto tras haber sido tomada. Y compartida.

El selfie ha cambiado la manera en la que conceptualizamos la autorrepresentación. Ya no buscamos hacernos una foto que tardaremos en mostrar, o que incluso nunca saldrá de un cajón o de un disco duro. La imagen, desde su conceptualización, está pensada para ser compartida. Y ha sido posible gracias a las condiciones tecnológicas que lo han visto nacer. Por un lado al fácil acceso a la tecnología, ya que todos llevamos un aparato en nuestro bolsillo que nos permite hacernos fotos de una manera sencilla y rápida con su cámara frontal; y por otro, a la cultura digital y los códigos que genera. En ellos la fotografía digital tiene cada vez más al smartphone como principal protagonista.

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Como decía Joan Fontcuberta, la fotografía ya no es memoria sino acto. El acceso a la tecnología lo ha permitido. Vivimos en una sobreproducción de imágenes, es normal que el valor que le damos a las mismas haya cambiado. Y por supuesto, ha tenido influencia directa en los autorretratos, ya que ya no buscamos mostrar tanto el ‘cómo somos’, sino el ‘cómo estamos’ y ‘cómo estamos siendo’ en cada momento.

Todo esto ha dado lugar a una cultura que nace de la digital: la cultura selfie, una forma de autorrepresentación en la era digital. El selfie ha cambiado la manera en la que nos situamos delante de la cámara, sea la de un móvil, una réflex o del tipo que sea. Nos pensamos en relación al hecho de que va a ser liberada en redes sociales, por lo que aunque pueda parecer un acto espontáneo, no lo es: está pensada al detalle. Mostramos una intimidad performática, escogida y preparada para ser compartida y en la que tratamos de reflejar cómo estamos siendo ahora, sin necesidad de buscar una versión definitiva de nosotros mismos.

Todo el contexto que rodea al selfie, ha generado esa cultura en torno a la representación en la era digital que es precisamente la que hemos querido recrear con el trabajo #SelfiesMacarena: la autorrepresentación a través de las pantallas en ZEMOS98.

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Hemos querido mostrar cómo la propia estética del selfie, esa que se muestra con un plano cerrado, en multitud de ocasiones con un picado y en la que podemos ver parte del brazo que sujeta el móvil (o el palo de selfie), va siendo superada una vez más por los usos sociales que parten de las posibilidades que otorga la tecnología. Pero pese a todo, sigue perdurando esa cultura y esa nueva forma de presentarse y situarse ante una autofoto, dando lugar a la autorrepresentación en la cultura digital. Es decir, el selfie es algo más que una autofoto con cierta apariencia similar a las de Manny, the selfie cat. Instagram, la red social del selfie, da cuenta de ello. En ella aparecen autorretratos cada vez más preparados y realizados con cámaras réflex, pero que siguen cultivando la cultura selfie: pensarnos, narrarnos para compartir esas historias que son particulares a la vez que comunes en redes sociales. Y es ahí donde creamos el archivo de nuestra identidad, en la red, y con las interacciones de todos que nos ayudan a forjar nuestras identidades digitales.

Precisamente para reflejar esa puesta en escena, que no es espontánea, el trabajo recoge todas esas fotos desechadas que han servido para llegar hasta la definitiva. La exposición ha querido recrear y reflejar la cultura del selfie como la nueva forma de autorrepresentación en la era digital.

Puedes ver la exposición online y su texto principal en selfiesmacarena.zemos98.org

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